Otro escándalo en el fútbol

¿Le temen los clubes profesionales de fútbol colombiano a la transparencia? Esa es, lamentablemente, la sensación que queda después de los escándalos que se han desatado en torno a la Dimayor y a Difútbol. Sin entrar a tomar partido sobre las graves denuncias que se han intercambiado en el debate público, lo que ha quedado claro es que entre los dueños de muchos equipos prima la incomodidad con la solicitud de implementar cambios que rindan cuentas sobre cómo se maneja el deporte rey en el país.

Al cierre de esta edición, todavía no se conoce el resultado de una reunión de emergencia entre representantes de varios clubes profesionales donde ronda la idea de pedirle la renuncia a Jorge Perdomo, quien asumió la presidencia de la Dimayor después de la humillante renuncia de Luis Bedoya. Cualquiera sea la decisión tomada, lo que sí sabemos es que el fútbol profesional sigue herido en su reputación.

Como contó El Espectador, en los círculos de la dirigencia del fútbol hay quienes están incómodos por las decisiones promovidas por Perdomo para que la transparencia sea la regla de oro en el fútbol nacional. Las preguntas necesarias son: ¿Por qué? ¿Acaso creen que pueden seguir con las prácticas de siempre? ¿Esperan que el terremoto dentro de la FIFA no tenga mayores consecuencias en Colombia? ¿Pretenden que nuestro fútbol crezca sin ceder control ni rendir mejor las cuentas? ¿Piensan que el aficionado asumirá que todo va bien simplemente por su pasión por los equipos?

El escándalo más reciente, precisamente, ocurrió como desenlace de lo ocurrido con la FIFA. Como le explicó Perdomo a El Espectador, “el señor Álvaro González (director de la Difútbol) aparece en el listado de pagos que hace la Conmebol, donde igualmente están Luis Bedoya, quien hoy rinde cuentas ante la justicia americana, y Marco Polo Del Nero, expresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol y hoy sancionado de por vida por la FIFA”. Según Perdomo, “el señor González es el segundo vicepresidente de Colfútbol (…) en su condición de directivo no podía tener ninguna relación contractual con la Conmebol. Conforme a los códigos de ética de la Conmebol y de la FIFA, estoy en la obligación de denunciar”.

¿No deberían los clubes apreciar que esas denuncias se hagan públicas? Por supuesto, González tiene derecho al debido proceso y, si no hubo irregularidad alguna, el país debería saberlo. Pero lo que preocupa son las voces que dicen que no debió hablarse de este tema justo antes del Mundial. Esa es la misma actitud que guardó silencio cómplice por muchos años y ya hemos visto en qué terminó eso dentro de la FIFA, tanto en Colombia como en el mundo entero.

Estamos viendo cómo el fútbol colombiano adquiere prestigio, con empresas invirtiendo en el futuro y con los ojos del mundo puestos sobre nuestros talentos. Ante esto, la respuesta no debe ser volver al secretismo del pasado, ni aferrarse desesperadamente a las mismas formas de siempre de hacer las cosas. La transparencia no debe ser negociable, así en el proceso se incomode a muchas vacas sagradas. ¿Se va a quedar Colombia atrás en el esfuerzo mundial por purgar la corrupción?

Fuente: El Espectador

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